Francisco Dávila Rosso

Francisco Dávila Rosso
Ejemplar de " Poeta y andaluz"

jueves, 15 de mayo de 2014

PARROQUIA DE SAN FRANCISCO










PARROQUIA DE SAN FRANCISCO


                                                                                               A Juan Luis Izquierdo.

Al calor de las columnas encendidas
Las que antaño iluminaran mis mañanas
Un portón de color verde Andalucía
Me atraía y a esa puerta me acercaba.

Tras los muros de enseñanza jesuita
San Francisco ante mis ojos se mostraba
Con rincones de pasión, cantos y vida.
Que hoy en día se me antojan en palabras.

Mañanitas navegando junto a Cristo,
Y aun porrón de amigos que hoy lo son del alma,
Campamentos de sabor a primavera
Que aun me esperan cuando abro las  ventanas.

San Ignacio en el retablo más dorado,
Desde niño a nuestra cita me llamaba,
Que más dará cantar mientras oramos
Si dos veces rezas cuando el alma canta.

Corazón de Jesús que es para todos
Nuestra madre para siempre Inmaculada,
Que especial cruz de Javier frente a su rostro
Tan secinlla como un grito de esperanza.

Padre Ruiz, que en la pila más hermosa
Me inciaste en esta gran fe cristiana
La alegría que mostrabas jubilosa
Se imitaba en mi sonrisa contagiada-

Luis Conradi, enamorado de esta tierra,
La humildad hecha persona con sotana,
Quiso estar junto a la luz que Safa encierra,
Ilumninando la enseñanza gaditana.

Cuanta hambre de los pobres portuenses,
Con tus manos y tu corazón saciaras
Cuantas horas al servicio de la gente
Esa gente que hoy recuerda tu mirada.

Ars moriendi como santo y como hombre,
Ya con Dios tu alma en paz al fin descansa,
Pero sabe que el recuerdo de su nombre
Vagara siempre por San Luis Gonzaga.

Tu me distes por primera vez a Cristo
Fuiste tu quien un día me entregara
Hecho pan al rey de reyes y hecho vino,
Caldo santo de bodegas de mi infancia.

Y a las diez y media siempre del Domingo,
Ataviado con su casulla y el alba,
Arremberg me contaba con ahínco,
Historietas de otras épocas pasadas.

Y un muchacho que me viera a mi crecer,
Y al cual hoy ya le noto alguna cana,
Me mostraba como se debía hacer
Todo aquello que una iglesia precisaba.

A ti dirijo mis versos dorados,
A ti niño al que nunca mencionaran,
Siempre atento a la viveza de los actos,
Mi padrino el día que me confirmara.

Si padrino es el que te muestra el camino
Si padrino es quien conduce tu enseñanza,
Hoy padrino en mis versos te bendigo,
Por tu entrega, por tu fé y por tu constancia.

Y si un día alguna duda existencial,
De Jesús y de su amor me apartaran,
Acudiría a tu regazo sin dudar,
Buscando la moral que profesabas.

Y seguro que tú me aconsejarás
El análisis profundo de mi alma,
Tu que invitas siempre a reflexionar,
Como Ignacio de Loyola un día enseñara.

Que mi amor a Cristo nunca morirá
Pues me inunda la emoción desde la cama
Cuando oigo muy temprano repicar
San Francisco, fuertemente, tus campanas.

Y en la sangre que recorre por mis venas,
Junto al gen que de mis padres heredara,
San Francisco dejaría igual su huella,
En los tiempos ya pasados de mi infancia.

Y si al verte hoy te canto mis canciones,
Si al mirarte te dedico mis palabras
Llévame al Ave María y ponle flores
A Javier a Ignacio y a la Inmaculada.

                                                                                                                          
Estribillo soleá por bulerias

Ay estrellas de la madrugada
que diambulo por calles inertes
llevame a San Francisco del alma
dejame en mi rinconcito de siempre.

Deja niño que cante mis penas
que Dolores espera impaciente
las coplillas fruto de mis venas
que te trae hoy este portuense.

                                                                                                Francisco Aurelio Dávila Rosso

No hay comentarios:

Publicar un comentario