Francisco Dávila Rosso

Francisco Dávila Rosso
Ejemplar de " Poeta y andaluz"

jueves, 15 de mayo de 2014

CASA DE RAFAEL





Dávila Rosso, de niño, recitando en la fundación Rafael Alberti, pocos años después de fallecer el poeta.
 



CASA DE RAFAEL

                                                                    En memoria de Rafael Alberti.


Nos llevaban en fila y con cuidado
Por las calles de mi tierra portuense
Repasando aquellos versos endiablados
Que a más de uno vi escupir de entre los dientes.

Yo llevaba mi papelito en la mano
Arrugado y casi roto como siempre,
Pero nunca me tornaba preocupado
De olvidar aquellos versos inocentes.

Nos hablaban de un poeta enamorado
De un alumno que no fue sobresaliente
Y aun así se convirtió por el pasado
En memoria venerable en el presente.

Nos hablaban de un señor  viejo arrugado
Que algún día habíamos visto por la tele
Un pintor que fue caricaturizado,
Por su pluma y su pincel inteligentes.

Un hombre con melena blanca al viento
Marinero de la playa de mi barrio
Otro loco gaditano de los versos
Pero mucho más revolucionario.

De la guerra nosotros no supimos nada
Solo aquello que de este hombre se decía
De la guerra no se hablaba una palabra
Pues heridas de la guerra aun escocían.
Pero siempre se escuchaba de este viejo
Que luchó, que desde lejos resistía,
Que esperó mucho para volver al Puerto,
Que llegó para morir  en la bahía.

Y en los patios de mi querido colegio
Mil gaviotas volaban confundidas,
Rebuscando entre chiquillos indiscretos
Algún resto de alimento a mediodía.

Y yo pensaba para mis adentros
Si tal vez esas gaviotas que veía
Algún día inspiraron a aquel viejo
Para hacer de su vuelo melodía.

Y llegábamos todos a Santo Domingo
Y el portón de aquella casa nos abrían.
Aquí están los de San Luis con sus chiquillos
Preparados todos para este gran día.

Venga sal, Paquito, que ya te toca,
El mar, la mar, el mar, mi voz decía
Versos, versos que salían de mi boca
Primer contacto puro con la poesía

Rafael Alberti, empecé con la tuya
Hasta hoy ya tener la mía.

                                                                            
                                                                                Francisco Aurelio Dávila Rosso

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