Francisco Dávila Rosso

Francisco Dávila Rosso
Ejemplar de " Poeta y andaluz"

jueves, 20 de noviembre de 2014

Duquesa de Alba

La casa de alba está triste
Porque la señora ha muerto
De luto se.ha puesto sevilla
Banderas cubren su cuerpo

Llora el palacio de dueñas
Hoy hasta el poeta ha vuelto
Para rendirle homenaje
A la que quiso a su pueblo.

La novia de de su ciudad
Hermana entre tanto hermano
La musa de los toreros,
Y el cristo de los gitanos.

Hoy es veinte de noviembre
Y con ochenta y ocho años
Se ha apagado la duquesa
Al olor de los naranjos.

Nuevo amanecer de España
Que Dios disponga en tus manos
Descanse en paz Cayetana,
!Viva el Gran Duque: Don Carlos!

      Francisco Aurelio Dávila Rosso

miércoles, 18 de junio de 2014

DANZA DE UN VALIENTE







 DANZA DE UN VALIENTE

                                                                      A Jose María Manzanares

El ambiernte está florío
la gente arde de celos
por ver al niño valiente
que hoy se la juega en el ruedo.

Al compás de un capotazo
se va haciendo la figura,
dos tardes con misma suerte,
yo nunca he visto ninguna.

Por la cintura lo mece
Con solera y gallardía
Demuestra por esta danza
Cual es su ganadería

Venga torito valiente,
que yo te sigo
entra al engaño y al baile,
vente conmigo.

El albero se camufla
se está sientiendo
de rojo fuego y de sangre
se va tiñendo.

Y en sus pitones de luna
 está la suerte
hasta que al fin de la danza
llegue la muerte.

                                                                                       Francisco Aurelio Dávila Rosso










jueves, 15 de mayo de 2014

EL ÚLTIMO ROMÁNTICO






                                                        Fotografía tomada de Internet




EL ÚLTIMO ROMÁNTICO

                                                                              En memoria de Federico García Lorca

Suena el eco de su voz
Por pueblos de Andalucía
Rizos de sangre y folclor
Genio de la poesía.

Siguen gritando su nombre
Las niñas del vecindario
Esas que antaño soñaran
Al son de su infiel piano.

Y la luna más gitana
quedó ¡sola!, en lo alto
Hoy las estrellas no alumbran
Solo ilumina el gitano.

¿ Por qué no huiste luna, luna, luna?
Si lo advirtió el de Granada,
El de la faja ceñida,
El discípulo de Falla.

¿ Por qué te llevaste al niño
Con el dolor de una bala?
¿ Por qué permitistes la guerra,
Dime luna, ¿ Por qué callas?

¿ Quizás la envida les pudo?
¿ Era su sino una zanja?
Era el andaluz más puro
Y callaron su guitarra.

  Luna,
 que de madrugada el embrujo
de tu silueta plateada
me hace sombras del poeta
Al mirar por la ventana.

Que el murmullo de las fuentes,
Que sale desde la Alambra,
Llega a Viznar y se esfuma
Donde su vida segaran.

Niño de FuenteVaqueros,
Padre de Bernarda Alba,
Alaban tu romancero
Pero te hieren con balas.

Cada vez que un verso ahonda
En lo profundo del alma,
Se muestra su espectro vivo
Junto a los pies de mi cama.

Pone una mano en mi hombro
Y al compás de sus palabras
Hace que ame a mi tierra,
Hace que baile su danza.

La del loco de los versos,
La del poeta de raza,
Elegancia y padrenuestros
Del filo de la mañana.

El que se abría las venas
Para sangrar en las cartas
Y compartía sus quejas
Con el público de España.

Su bandera blanca y verde,
Verde viento, verde rama,
Yerma la hembra sin parto
Y la novia capturada.

Ya nace la mariposa,
Ya hablan de Mariana,
Otra figura preciosa
De los libros de Granada.

¿ Donde quedan los lamentos
A la tierra enamorada?
¿ Donde quedan los recuerdos
De la pureza del alma?

¿ Donde el galán del cortejo?
¿ Donde el grito de esperanza?
Busco y rebusco entre versos
Y jamás encuentro nada.

Pero si miro al pasado,
Sigo pensando en Granada,
En Federico y su luna,
Y su reflejo en las charcas,
En Rafael y la espuma
De la orilla de la playa.

De aquellos que dieron todo
Sin pedir a cambio nada.


                                        
                                                        Francisco Aurelio Dávila Rosso



















CASA DE RAFAEL





Dávila Rosso, de niño, recitando en la fundación Rafael Alberti, pocos años después de fallecer el poeta.
 



CASA DE RAFAEL

                                                                    En memoria de Rafael Alberti.


Nos llevaban en fila y con cuidado
Por las calles de mi tierra portuense
Repasando aquellos versos endiablados
Que a más de uno vi escupir de entre los dientes.

Yo llevaba mi papelito en la mano
Arrugado y casi roto como siempre,
Pero nunca me tornaba preocupado
De olvidar aquellos versos inocentes.

Nos hablaban de un poeta enamorado
De un alumno que no fue sobresaliente
Y aun así se convirtió por el pasado
En memoria venerable en el presente.

Nos hablaban de un señor  viejo arrugado
Que algún día habíamos visto por la tele
Un pintor que fue caricaturizado,
Por su pluma y su pincel inteligentes.

Un hombre con melena blanca al viento
Marinero de la playa de mi barrio
Otro loco gaditano de los versos
Pero mucho más revolucionario.

De la guerra nosotros no supimos nada
Solo aquello que de este hombre se decía
De la guerra no se hablaba una palabra
Pues heridas de la guerra aun escocían.
Pero siempre se escuchaba de este viejo
Que luchó, que desde lejos resistía,
Que esperó mucho para volver al Puerto,
Que llegó para morir  en la bahía.

Y en los patios de mi querido colegio
Mil gaviotas volaban confundidas,
Rebuscando entre chiquillos indiscretos
Algún resto de alimento a mediodía.

Y yo pensaba para mis adentros
Si tal vez esas gaviotas que veía
Algún día inspiraron a aquel viejo
Para hacer de su vuelo melodía.

Y llegábamos todos a Santo Domingo
Y el portón de aquella casa nos abrían.
Aquí están los de San Luis con sus chiquillos
Preparados todos para este gran día.

Venga sal, Paquito, que ya te toca,
El mar, la mar, el mar, mi voz decía
Versos, versos que salían de mi boca
Primer contacto puro con la poesía

Rafael Alberti, empecé con la tuya
Hasta hoy ya tener la mía.

                                                                            
                                                                                Francisco Aurelio Dávila Rosso

PARROQUIA DE SAN FRANCISCO










PARROQUIA DE SAN FRANCISCO


                                                                                               A Juan Luis Izquierdo.

Al calor de las columnas encendidas
Las que antaño iluminaran mis mañanas
Un portón de color verde Andalucía
Me atraía y a esa puerta me acercaba.

Tras los muros de enseñanza jesuita
San Francisco ante mis ojos se mostraba
Con rincones de pasión, cantos y vida.
Que hoy en día se me antojan en palabras.

Mañanitas navegando junto a Cristo,
Y aun porrón de amigos que hoy lo son del alma,
Campamentos de sabor a primavera
Que aun me esperan cuando abro las  ventanas.

San Ignacio en el retablo más dorado,
Desde niño a nuestra cita me llamaba,
Que más dará cantar mientras oramos
Si dos veces rezas cuando el alma canta.

Corazón de Jesús que es para todos
Nuestra madre para siempre Inmaculada,
Que especial cruz de Javier frente a su rostro
Tan secinlla como un grito de esperanza.

Padre Ruiz, que en la pila más hermosa
Me inciaste en esta gran fe cristiana
La alegría que mostrabas jubilosa
Se imitaba en mi sonrisa contagiada-

Luis Conradi, enamorado de esta tierra,
La humildad hecha persona con sotana,
Quiso estar junto a la luz que Safa encierra,
Ilumninando la enseñanza gaditana.

Cuanta hambre de los pobres portuenses,
Con tus manos y tu corazón saciaras
Cuantas horas al servicio de la gente
Esa gente que hoy recuerda tu mirada.

Ars moriendi como santo y como hombre,
Ya con Dios tu alma en paz al fin descansa,
Pero sabe que el recuerdo de su nombre
Vagara siempre por San Luis Gonzaga.

Tu me distes por primera vez a Cristo
Fuiste tu quien un día me entregara
Hecho pan al rey de reyes y hecho vino,
Caldo santo de bodegas de mi infancia.

Y a las diez y media siempre del Domingo,
Ataviado con su casulla y el alba,
Arremberg me contaba con ahínco,
Historietas de otras épocas pasadas.

Y un muchacho que me viera a mi crecer,
Y al cual hoy ya le noto alguna cana,
Me mostraba como se debía hacer
Todo aquello que una iglesia precisaba.

A ti dirijo mis versos dorados,
A ti niño al que nunca mencionaran,
Siempre atento a la viveza de los actos,
Mi padrino el día que me confirmara.

Si padrino es el que te muestra el camino
Si padrino es quien conduce tu enseñanza,
Hoy padrino en mis versos te bendigo,
Por tu entrega, por tu fé y por tu constancia.

Y si un día alguna duda existencial,
De Jesús y de su amor me apartaran,
Acudiría a tu regazo sin dudar,
Buscando la moral que profesabas.

Y seguro que tú me aconsejarás
El análisis profundo de mi alma,
Tu que invitas siempre a reflexionar,
Como Ignacio de Loyola un día enseñara.

Que mi amor a Cristo nunca morirá
Pues me inunda la emoción desde la cama
Cuando oigo muy temprano repicar
San Francisco, fuertemente, tus campanas.

Y en la sangre que recorre por mis venas,
Junto al gen que de mis padres heredara,
San Francisco dejaría igual su huella,
En los tiempos ya pasados de mi infancia.

Y si al verte hoy te canto mis canciones,
Si al mirarte te dedico mis palabras
Llévame al Ave María y ponle flores
A Javier a Ignacio y a la Inmaculada.

                                                                                                                          
Estribillo soleá por bulerias

Ay estrellas de la madrugada
que diambulo por calles inertes
llevame a San Francisco del alma
dejame en mi rinconcito de siempre.

Deja niño que cante mis penas
que Dolores espera impaciente
las coplillas fruto de mis venas
que te trae hoy este portuense.

                                                                                                Francisco Aurelio Dávila Rosso

PUERTO DE OLORES







PUERTO DE OLORES (2ºPremio I Concurso Concejalía de Juventud, 2017)

          
                                                               A mi primo Carlos Coronado Rosso


Puerto de Santa María
hueles a vino y a tierra
huele a marisco a tiovivos
a afligidos y a galera.

Huele a un vapor ya perdido
a murallitas de piedra
a torres de los castillos
a teatro y plazoleta.

Huele a cristo nazareno,
al madero y su madera,
me huele a sangre y albero
y a un fino quinta en la feria.

Al penal de los horrores
a nidos de las cigüeñas,
patios de mil colores
y a calles de sal en fiesta.

Ruinas de Doña Blanca
a noches de luna llena
caminos que saben de amores
y amor por la Virgen negra.

A Milagros, la Piedad,
a Soledad con su pena
y al rey del Martes Santo
bajo un gran manto de estrellas.

Al faro de luces blancas
a sones de las tabernas
a lo fresco de la plaza
y a la lonja ya despierta.

A Colón en Carnavales
a los versos de un poeta,
al oxido de los cañones
y a rueda de bicicletas.

A rugido de motores
a Jerez, que está muy cerca,
a mi madre que es Dolores
cuando la espero en la puerta.

A escudos de las esquinas,
a las Indias y  a la Pepa,
a su corona de espinas
y a una de las carabelas.

Huele a candela encendida
Huele a aromas de saeta
Huele a las cruces de Mayo,
Que en Mayo son como perlas.

Al quejido del gitano,
A capote y a muleta
Al relinche de un caballo,
Caballo de piel morena.

A los quioscos en la calle
A los bancos de la espera
Al carrillo del severo
Y a churros de las casetas.

Huele a café del colegio,
Huele a incienso de la iglesia,
A agua clara de las fuentes
Y a pasteles de la perla.

Caballas de los Bolaos,
A balcones para verla,
Al bordón de un simpecao,
A mar, a río y a siembra.

Huele a Liba y a Ceballos,
A cuatro vientos y a tejas,
A la Calita en verano
Y a aquellas peñas flamencas.

Al Triana, Reconquista,
Al Aramburu, al Ribera,
La plaza del polvorista
Y a rocío en primavera.

Puerto de Santa María
A cantes, a palmas
Y a hierba.   



                                                      Poeta y andaluz, 2015 ,Francisco Aurelio Dávila Rosso







MUROS DE ENSEÑANZA








MUROS DE ENSEÑANZA 


                             

Que momentos se me vienen a la mente De los tiempos que en mis versos hoy recuerdo,  Las mañanas con la luna ya yaciente
Paseando por el patio del colegio.

Y el olor al café aún caliente,
Concentrado en el ambiente mañanita,
El primer verso de aquel pupilo inocente
Que entre muros se sentís compañero.

Caminatas de pasillos infinitos
Con el sol que traspasaba los cristales
Alumbrando los tesoros escondidos
Cuya historia me desvelaba mi.podre.

Las canciones, el amor y la alabanza
El respeto, la prudencia,  las misiones.es
Son las lanzas que clavaron en mi alma
Bajo versos de poetas anteriores.

Con la cruz presidiendo los despachos
Y con cristo presidiendo las lecciones,
Te aportaban del abismo y el fracaso,
Que en el mundo amedrenta a tantos hombres.

Y esas columnas que callaron los secretos
Que los chicos a las damas le contaban,
No hay lugar para el amor tan y tan bello
Como un suelo con tanta historia pasada.

Y hoy, ya lejos de sentirme entre sus muros
Soldadito del ejército elegido
Sigo.viendo cuando contemplo su escudo,
Los símbolos que siento como míos.

Rafael, manda a tu blanca paloma despistada
Que seguro se conduce al campanario,
O a los techos que en tu tiempo refugiaban,
La inocencia del poeta en esos años.

Custodia, tú, ángel celeste su presencia,
La rugosidad de las columnas a su tacto.
No permitas que derrumbe la pobreza
La gran fuente de la que los dos probamos.

Tú, poeta, y yo un loco empedernido,
Que defiende la justicia entre sus versos,
Alabando lo arraigado, lo curtido,
Y luchando por lo que siempre fue nuestro.

Vuelve a sonar el nombre de Loyola,
Capitán del pensamiento que profeso,
Vuelve a nacer y a mudar la chirimoya
Al volar de una gaviota en el recreo.

Presenció el romance entre los mares
Y Los versos de un poeta marinero,
Son momento que tan solo San Luis sabe
Y que nutren de alegría mis recuerdos.







   A Maria del Carmen Pulido y Juan Manuel Herrador


             Francisco Aurelio Dávila Rosso